sábado, 1 de abril de 2017

Y colorín colorado...con Carmen Gil y sus historias, ¡qué bien lo hemos pasado!

¡Qué bien lo hemos pasado con Carmen Gil!. Y eso que, de entrada, el día no podía ser peor para la celebración de un acto dedicado a la literatura infantil y juvenil. Múltiples eventos atestaban la agenda de convocatorias culturales y una sensación de horror vacui se cernía sobre las butacas del Salón de Actos de la Biblioteca Pública de Cáceres, aún ataviadas sus paredes de poemas después de la reciente conmemoración del Día de la Poesía. Y es que Carmen Gil había llegado desde la Serranía de Huelva, después de una breve escala en Sevilla, para ofrecer una lectura a escolares. Pero nuestra autora es toda vitalidad y positivismo, encarna la visión más activa y dinámica de entender la literatura, rebosa entusiasmo y capacidad de creación por todos sus poros. Hace unos meses, en octubre, otra Carmen (Camacho) abría el curso en el Aula de la Palabra. También andaluza, su pelo igualmente lucía de color rojo. Hoy, cerrábamos las sesiones del Aula antes de las Ferias del Libro, aún con la incógnita de si el mes de mayo nos deparará un acto de despedida previo a la presentación de Norbania. Hadas y hados parecían conjurarse para que hoy ese momentáneo adiós lo protagonizase nuevamente una autora de nombre Carmen (Gil), gaditana ella, también de cabellera rojiza, y con una imaginación desbordante por bandera. Con desparpajo nos cuenta que los sapos no pretenden ser príncipes, y las princesas lamentan su estatus, que los monstruos son criaturas entrañables y hasta los fantasmas...¡tienen asma!. 






Por algo ciento diez libros, sí, han leído bien, ciento diez, la contemplan. Memorable el tándem con Pilar López Ávila, que fue desgranando su trayectoria y su incursión a través de estilos y temáticas bien distintas. Desde la literatura de valores hasta los poemas dedicados a objetos o seres cotidianos, como  la fregona, los mosquitos o incluso las cucarachas. Carmen Gil desde luego es una auténtica todoterreno, una maestra que escribe, y una escritora que enseña, que tiene mucho que decir y compartir con sus lectores, sin importar la edad. Lástima que nos quedásemos sin presenciar sus trucos de magia o apenas la escucháramos cantar una pequeña estrofa. Pero esperamos tenerla pronto de nuevo en Cáceres, quizá en fechas mejores y con los canales de información más de nuestra parte, entregados ahora a otros menesteres y poco propicios a la difusión de eventos como éste, que fomentan la cultura desde las bases, que suscitan la afición y el gusto por la lectura frente al aluvión de posibilidades que el entretenimiento ofrece hoy, en este mundo prisionero de la tecnología, donde el humanismo tiende progresivamente a diluirse. 





Carmen Gil nos cuenta la historia del sapo 
que no quería ser príncipe

Erigiéndose como un bastión en medio de la tempestad, la literatura y el buen hacer de Carmen nos permiten ser optimistas, romper una lanza a favor de la comunicación directa, rescatar la ocurrencia e ingenuidad que siempre tuvieron los cuentacuentos, la proximidad con el autor y sus letras, con la génesis de la historia que, como en el caso de Carmen, se encuentra en constante ebullición, ávida de hacerse relato o poema y llegar al lector que expectante aguarda disfrutarla. Extramuros, la noche de Cáceres, tintada ya del aroma y la cercanía de la Semana Santa, maceraba un cúmulo de recuerdos y sensaciones. Mañana será otro día, en la Feria del Libro de Trujillo, con la delicada poética de Hilario Jiménez y el magisterio de Luis García Montero, en la puesta de largo de AQVA

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