


Enero me reconcilia otra vez con las calles empedradas de la infancia.
Donde los colores mantienen su ancestral armisticio
y tras las esquinas aún pueden escucharse consejas
que parecían arrugadas para siempre
en el purgatorio de las sombras.
Después de un curso intenso como lo ha sido el que terminaba el pasado mes de junio, tras unos días de desconexión total, muy necesaria, tra...
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