domingo, 22 de julio de 2012

En tiempos de incertidumbre

Este verano, entre la desgana que produce el calor y la tormenta de noticias perturbadoras que escupen ininterrumpidamente los medios, resulta difícil relajarse. Es más, puede que sea imposible. La incertidumbre ha ido inundando los espacios vacíos, pegándose a la piel, dibujando una nueva realidad hasta contagiarnos el tacto con sus incómodas ataduras. A partir de ahora, el mundo no volverá a ser el que un día conocimos. 


Oasis de intenso color verde en las estribaciones de Montmartre, París, Rue des Saules

En este escenario, me llega el último libro de poemas de uno de mis autores favoritos, José Manuel Caballero Bonald, cuyo magisterio respeto profundamente desde hace años. Su obra "Entreguerras", que publica Seix Barral, en su colección Los Tres Mundos, responde al estilo de poesía que andaba buscando y que parece hecha a medida de las circunstancias y la época que nos ha tocado vivir. Versos largos, de potente contenido, no sujetos a reglas. Lo que importa es el mensaje, la palabra ante todo, la verdad auténtica en un momento plagado de incertezas.


El silencio, la desidia de la siesta, llaman a la reflexión, a meditar acerca de nuestros errores, a indagar entre líneas el sentido oculto de los pensamientos, su propia lógica, y la de los actos de los demás seres humanos. Se nos han planteado muchos interrogantes tras leer "La delgada línea roja", ensayo que sobre la película homónima de Terrence Malick, publica en Akal el profesor Francisco Javier Tovar Paz, que ya nos dejó en Norbanova un ejemplo de su magnífica sensibilidad con "Bandusia, los versos del agua". La filosofía y el cine, la correspondencia entre las imágenes de un conflicto bélico del siglo XX y las de la propia tradición latina. No es destruido lo cotidiano, "lo que se termina desvaneciendo es una forma de entender y habitar el mundo, se desvanece una vida, una mirada". Y todo ello con el trasfondo de las palabras de Séneca: "la razón desaparece ante la emoción, la palabra es inútil ante los hechos, la filosofía renuncia ante la vida sensorial y las pulsiones pasionales"
Quizá todo esto tenga sentido en un teatro como el que nos rodea, y haya que preguntarse cómo enfrentarse a cada nuevo desafío o qué interpretación es más acorde a la lectura de la realidad, como en los cuadros de El Bosco. 


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