domingo, 16 de enero de 2011

Mañana de niebla



En una mañana como la de este día que acaba de finalizar, completamente ataviada de niebla, cuando apenas se distinguen las torpes siluetas de los edificios y la humedad se cuela bajo la epidermis inyectándonos una molesta sensación de desasosiego, también la lectura parece haberse aliado con el clima y me transporta a esa realidad incuestionable y a su vez también perversa de nuestra propia decadencia, de cómo desde el origen nuestras vidas son apenas una breve demora, un camino abierto sin billete de vuelta. Tras la bruma que sin pausa va tomando posesión de la ciudad quizá resida la respuesta a esas preguntas que tantas veces no nos dejaron dormir, el espejismo que nos tranquiliza pensar que algún día será tangible. Pero la niebla no es de fiar. Acaso esconde callejones sin salida, oscuros bosques que comprometen el vuelo de las aves.

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