miércoles, 22 de agosto de 2012

Lecturas e introversiones

No lo sé, pero mientras leo "Aire de Dylan", de Enrique Vila-Matas, me siento más identificado con todo lo que en la novela se dice sobre el fracaso y su inseparable maridaje con la literatura. Al principio, uno venía encontrándose a gusto con lo que a ratos perdidos escribía, pero desde hace un tiempo, una parte importante de ese placer ha terminado derivando en un enjambre de dudas, en una ansiedad de preguntas sin respuesta, con la convicción cada vez mayor de que no podrá liberarse de ese regusto de incómoda mediocridad que parece envolverlo todo. A estas alturas, y después de casi treinta años de aquel primer libro de gestación puramente escolar, los kilómetros recorridos, la génesis casi constante de material que en gran medida permanece inédito, te suscitan muchos interrogantes. Ahí quedó un proyecto de antología que al menos pudiera actualizar una producción poética ininterrumpida desde los años ochenta, e incluso algún libro premiado que nunca vio la luz. Uno se ve acosado por sus propios fantasmas. Como diría Sergio Chejfec, citado por Vila Matas, "el fracaso es la prefiguración natural del destino del escritor". Quizá tenga razón.

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